Es urgente separar la economía de la política

Publicado por el 6 julio, 2013

Hugo SALINAS

Desde su nacimiento, la política y la economía vienen juntos, como dos hermanos gemelos. Pero la evolución de la actividad económica ha hecho factible su separación a fin de que la economía de mercado se desarrolle con eficiencia y eficacia. Pero es la Repartición Individualista del resultado de la actividad económica que ha condicionado, de una manera irracional y mafiosa, el continuismo de su ligazón.
Intentos de separación han existido a lo largo de los últimos siglos. Sin embargo, las ideas no estaban muy precisas. Es el proceso artificial de producción, una forma de trabajar que se instala hace unos seis siglos aproximadamente, que nos brinda todo el andamiaje necesario para efectuar esta tarea histórica. Esta forma de trabajar nos permite precisar los linderos de la economía.

A.    Todas las obras, bienes y servicios que son parte de una economía de mercado deben ser ejecutados o producidos por empresas

Es indudable que es necesario “limpiar” a los órganos políticos del Gobierno, de actividades que no son de su competencia. El criterio principal que se debe tener en mente es el siguiente: todas las obras, bienes y servicios que actualmente brinda el Gobierno, y que son susceptibles de una economía de mercado, deben ser ejecutados o producidos por empresas. Es la mejor garantía de eficiencia y de eficacia en el uso de los recursos humanos, materiales y financieros. Una vez que se ponga en marcha una economía de mercado con dos sectores (de interés general), no existirá ningún criterio racional que justifique esta irracionalidad.

Sucede que, en una economía de mercado de Repartición Individualista, como la que existe actualmente, el Gobierno se ha encontrado en la obligación de cubrir grandes franjas de la actividad económica que no eran servidas, primero, como consecuencia de la falta de comunicación entre la empresa y la sociedad y, segundo, porque no son del interés de las empresas a Repartición Individualista.

El Gobierno debió igualmente asumir servicios acordes con las necesidades de la vida moderna como el registro de nacimientos, y los documentos de identidad de la persona. El Gobierno se fue convirtiendo así en una empresa ejecutora de obras, de bienes y de servicios que muy bien podían ser ejecutados por empresas privadas. El solo impedimento era que, por un lado, dichas actividades no reportan grandes utilidades y, por otro lado, los demandantes de esos servicios son en su mayoría personas sin suficientes ingresos para sufragar, por lo menos, los costos de dichas actividades. Con el tiempo, se instaló un hábito que todo servicio que no reportara grandes utilidades debería ser asumido por el Gobierno.

En cambio, en una economía de mercado con dos sectores ya no será válido este argumento. Primero, porque existirá un financiamiento “gratuito” para la creación de empresas del sector 2. Segundo, porque todas y cada una de las personas recibirán una Remuneración de Base en función del total de las utilidades de dichas empresas. Tercero, porque el sector 2 de una economía de mercado de interés general, a través de sus empresas, podrá cubrir eficazmente la ejecución y mantenimiento de dichas obras, y la producción y elaboración de bienes y servicios. Cuarto, porque el objetivo supremo es satisfacer las necesidades de la población. Para lo cual, es suficiente que las empresas guarden el equilibrio ingresos / egresos.

Ejemplos notorios que facilitan la transferencia comienzan a producirse en el campo de la educación, de la salud e incluso de servicios como es el caso de los documentos de identidad. El buen funcionamiento de la educación privada, del servicio de salud privado e incluso de instituciones (empresas) autónomas para el servicio nacional de los documentos de identidad, prueban fehacientemente que son actividades concernientes a una economía de mercado.

La relación será directa entre la empresa y la persona demandante de la obra, del bien o del servicio. Será como cuando tenemos necesidad de comprar pan para saciar nuestra hambre. Nunca se nos ocurriría, teniendo ingresos, acudir al Gobierno para cubrir esta necesidad. Por este medio, el pan lo tendríamos el año siguiente y a un precio muy elevado. Haremos lo que se hace actualmente de una manera muy natural: elegir entre las diferentes panaderías para luego acudir directamente a la tienda (empresa) que lo vende en la mejor calidad y al mejor precio

B.    Autonomía de la economía

La actividad económica no podrá desarrollarse normalmente mientras las empresas sufran la opresión político-mafioso de nuestros “representantes”, y mientras la política se desenvuelva dentro de un Gobierno de corrupción permanente.

i.    Liberemos a las empresas de la opresión político-mafioso

Las empresas son las unidades celulares del proceso artificial de producción, y lo son igualmente del proceso de trabajo de concepción, puesto que estas dos formas de trabajar se desarrollan dentro del cuadro de una economía de mercado. Ellas constituyen las formas de trabajar las mejor concebidas, hasta el momento, para producir y elaborar bienes y servicios. El proceso artificial de producción es lo mejor en la producción de bienes materiales. El proceso de trabajo de concepción es lo mejor en la elaboración de bienes inmateriales. Si queremos que se manifiesten con toda su fuerza productiva, es necesario liberarlas de todas las trabas a su normal funcionamiento.

Las empresas, desde su nacimiento, desgraciadamente, se han desarrollado dentro del cuadro del sector privado de interés individualista, en donde el principal aliciente de la producción es llenar las arcas de un puñado de familias. No es ni el progreso ni el bienestar general que les interesa. Es indudable que los empresarios se encuentran obligados de producir, pero su objetivo principal no es el bienestar de las personas sino las ganancias.

Últimamente, dentro de los excesos de una economía financiera animada por la especulación, incluso esta obligación de producir para hacer dinero les ha sido liberada. Ahora se ha impuesto una actividad económica dirigida a hacer dinero a partir del dinero.

Encontrándose desnaturalizado el objetivo de la actividad económica, la empresa tiene dificultades para manifestarse libremente. No es por azar que tantas invenciones, creaciones y descubrimientos duermen el sueño de los justos, o pasan simplemente al olvido hasta que alguien viene a recordarnos de su existencia. No es por azar, tampoco, que el 90% de las transacciones financieras están orientadas a la especulación. Y esto, con el consentimiento general de la mayoría de la población.

Es alucinante si somos conscientes de los hechos siguientes. Mientras que las tres cuartas partes de los seres humanos viven en la pobreza, y millones de entre ellos al borde de la muerte por hambre, desde hace seis siglos el proceso artificial de producción nos ofrece una manera de trabajar que resuelve todas las necesidades materiales del ser humano. Mientras que millones de personas de todas partes del mundo viven prácticamente toda su vida útil en el desempleo, desde hace seis siglos el proceso artificial de producción nos ofrece todas las posibilidades de trabajar con el pleno empleo de los recursos humanos. Mientras que el proceso artificial de producción teje una red a nivel del planeta para que todos vivan unidos, los dirigentes, aquellos que manejan la economía y se benefician de su gestión individualista, han decidido parcelar el planeta en países “autónomos e independientes” para mejor extorsionarlos.

ii.    Separemos a la economía de la política y de la corrupción

Actualmente, no se puede hacer la diferencia entre una actividad económica sana y otra, producto de la criminalidad. Jean de Maillard precisa que “la economía del crimen [se encuentra] mezclada completamente con la economía legal.” Algo peor, actualmente “el crimen y las finanzas no pueden desligarse el uno del otro, porque el crecimiento de uno resulta necesario para el crecimiento del otro”.

La economía y la política, al más alto nivel, están totalmente sumidos en la criminalidad. “Se comprende entonces, continúa Maillard, por qué la lucha contra el crimen organizado y el dinero sucio es tan ineficaz en todas partes del mundo.”

Este fenómeno malsano es alimentado esencialmente por dos fuentes. De un lado, la economía en curso, y desde hace diez mil años, se encuentra administrado por un puñado de familias que se apropian, con el consentimiento general, la totalidad del resultado neto de la actividad económica generado por todo un pueblo. En nuestros días son los propietarios y accionistas que se benefician de esa decisión de la sociedad. De otro lado, el Gobierno, el que creemos que es neutro y agente regulador entre los empresarios y los asalariados, nace y se desarrolla al servicio de los empresarios y de los accionistas.

Es tiempo que este vicio termine. La política no tiene ninguna necesidad del dominio de la economía para cumplir su rol. Al contrario, liberarse de esa carga permitirá a los ciudadanos dedicados a la política de proponer alternativas de sociedad mucho más en interés con la comunidad. Devolvamos a la política su espíritu noble y orientado únicamente a buscar el buen camino por un mejor futuro de todos los ciudadanos. Alejémonos de esta política de interés partidario y mafioso.

En este sentido, todos los cargos políticos, desde el más alto nivel hasta el más pequeño, no deben tener ninguna relación directa con la economía ni con el presupuesto público. Ni siquiera debería existir la responsabilidad compartida. El político es y será responsable por sus actos políticos, y el empresario por la gestión de la actividad económica.

C.    Los políticos a la política

La política y los políticos deben volver a identificarse con los rangos nobles de los “sages” de los primeros grupos sociales. Deben avizorar lejos, muy lejos. Deben construir los senderos imaginarios para conducir a su “gente” hacia nuevos horizontes, nuevas aventuras humanas. El rol del político no es ni inaugurar obras ni vender su “decisión” a la empresa que mejor ofrece. No es tampoco realizar promesas incumplidas.

La política es una de las tareas más nobles del ser humano. ¿Por qué rebajarlo a un comportamiento mafioso, que utiliza los poderes conferidos para beneficio personal, de grupo, de familia? Algo más, las personas ¿necesitamos de intermediarios, o de una Cámara de Legisladores?

i.    ¿Necesitamos de intermediarios?

Los “políticos” se han convertido en los intermediarios entre el usuario y la empresa. Cualquier obra que puede ser planeada, valorizada, ejecutada, en una relación directa entre la empresa y los usuarios, intercede el político para cobrar el consabido 10% a la empresa por cederle la buena pro y, hacerse de la vista gorda con relación a la calidad del trabajo realizado.

La mayoría de “políticos” no se contentan solamente con ese 10%, van mucho más allá. Los presupuestos de obras son inflados, o en algunos casos ni siquiera se han efectuado los trabajos pero los asientos contables lo dan por terminado.

No contentos con usar y abusar de los presupuestos de obras se lanzan sobre el contribuyente que ve, año tras año, incrementar sus tributos por servicios que nunca han existido como en el de limpieza pública, jardines y otros.

Este círculo vicioso, además, crea una relación enfermiza entre el contribuyente que no tiene ninguna forma de escaparse de ese flagelo, y la caja única del presupuesto nacional manejado por el jefe de Gobierno (central, regional o local). A partir de este pináculo comienza el descenso infernal de las asignaciones presupuestales por un mecanismo de desconcentración hacia los diferentes niveles de gestión político-económica. En cada nivel existen los “mordiscos” de los “ratas”, como los contribuyentes llaman a los políticos.

Cuando la administración pública licita las obras o las entrega en gestión directa, los dados ya están echados. A pesar de que el Código de Licitaciones previene toda forma de corrupción, el 10% y otros arreglos, ya pasaron bajo la mesa.

ii.    ¿Es necesario una Cámara de Legisladores?

Casi todos los gobiernos “democráticos” actualmente cuentan con una Cámara de Legisladores, compuesto en algunos casos de una sola sala y en otros de dos salas. La idea es que dicha cámara sirva de equilibrio o de contra-poder presidencial.

El primer defecto de la Cámara de Legisladores es que sus miembros son propuestos a elección por los mismos partidos políticos que proponen al presidente de la República. Esto conduce a que, en los hechos, existe un solo poder, el del Ejecutivo. El “poder legislativo” se convierte en la correa de transmisión de las decisiones del Presidente de la República. Es necesario, y urgente, romper ese cordón umbilical.

El segundo defecto del “poder legislativo” es convertirse en “representantes del pueblo”. Hoy en día es completamente irracional seguir nombrando “representantes”, cuando cada ciudadano puede exprimir su voluntad directamente. Las nuevas tecnologías de comunicación e información permiten que los ciudadanos puedan ejercer su derecho al voto, en tiempo real y desde el lugar en donde se encuentren.

El tercer defecto del “poder legislativo” es irrogarse un rol para el cual no está preparado y, en el mejor de los casos, es humanamente imposible. Este irracional sistema conduce a que, por un lado, cada uno de los “representantes” debe ser un especialista en los miles de sujetos a legislar (absurdidad total) y, por otro lado, se cuenta con millones de funcionarios públicos, especializados en casi todas las ramas de la administración, ignorados totalmente. ¿Cómo un legislador puede conocer los mil casos concretos a legislar? ¿Cómo puede tener la capacidad de sustituir a los millones de funcionarios que se encuentran todos los días confrontados con la realidad a legislar? ¿Cómo hacer compatible entre una legislación  genérica y todos los casos a legislar que son concretos y únicos?

Esto hace que, todos los miembros del Congreso se encuentran obligados a contratar “expertos” para poder afrontar la absurdidad. Duplicidad en el cargo, despilfarro de recursos, fuente de corrupción. Este sistema de ejercer el Poder Legislativo no tiene razón de existencia. Además, más del 50% de las leyes votadas, nunca se han aplicado. “Como se observa, del conjunto de instituciones de la sociedad, América Latina, tiene las instituciones más corruptas en el mundo, dentro de las cuales se ubican en los primeros lugares los Parlamentos o Asambleas Nacionales y el Poder Judicial (…),” nos dicen Thierry Baudassé y Adolfo Hinojosa Pérez.

iii.    ¿El rol del político es ser gerente de una ciudad, del país?

En la búsqueda de eliminar la corrupción y convertir en eficiente y eficaz a la gestión pública, se ha difundido la idea de que el “gobernante”, local o nacional, debe provenir del sector empresarial. ¡Qué mejor prueba de eficiencia!, argumentan.

En realidad, lo que sucede es que se ha instalado una confusión entre acción política y acción empresarial. Y lo que ha permitido este desliz es precisamente que la economía se encuentra bien instalada en la actividad diaria del político. Se diría que existe más de economía que de política en el quehacer diario de los políticos actuales en todas las regiones del mundo.

 

Actualizado el 4 de julio del 2013

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