Cuando trabajar se convierte en pesadilla

Publicado por el 8 julio, 2013

Ana Muñoz Álvarez

“Miedo, miedo, miedo… era lo único que ocupaba mi mente”. Es el testimonio de una mujer víctima de acoso laboral durante varios años en su empresa y que ha decidido enfrentarse a ello contando su historia a través de un blog. El caso de María (vamos a llamarla así) no es único. En España, algunos estudios hablan que entre un millón y medio y dos millones de trabajadores sufren algún tipo de acoso en el trabajo. Más del 12% de los trabajadores de todo el mundo dicen haber sufrido o sufrir mobbing en sus trabajos, según la empresa de OCC Mundial.

El acoso laboral se define como una situación continuada de violencia o acoso en el trabajo ejercida por compañeros, por superiores o por personal al cargo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las personas que padecen este tipo de “maltrato”, según psicólogos y expertos en el tema, no suelen ser conscientes de lo que les ocurre hasta que ya es demasiado tarde. “A mí me encantaba mi trabajo. A pesar de los desplantes de los compañeros, de las broncas de mis jefes por cualquier cosa… Yo me levantaba contenta e iba con alegría a trabajar”, explica María en su blog. “Sin embargo, un buen día empecé a llorar y ya no pude dejarlo hasta dos días más tarde. Era un dolor íntimo y, a la vez, vergonzoso porque no podía explicarlo”, añade esta mujer que se recupera de mobbing.

El acoso laboral es un tema grave en las relaciones laborales. No se trata, como indica la propia OMS, de un problema laboral que pueda surgir con el jefe o los compañeros. Tiene que cumplirse el requisito de que sea continuado en el tiempo, que se produzca de manera regular cada semana y que siempre sea contra la misma persona o personas.

La víctima de mobbing sufre normalmente el aislamiento y la incomunicación con respecto a los compañeros. “No me hablaban ni siquiera cuando les hacía una pregunta, nadie me contaba las incidencias, nadie me comunicaba los nuevos protocolos… y la hora de comer era un auténtico suplicio. Se cortaba la tensión en el ambiente”, explica María.

Las víctimas de acoso laboral sufren distintas situaciones de violencia. Pueden ser la incomunicación, cambiarlas de ubicación sin aviso, separarlas de sus compañeros, prohibirlas hablar… se juzga continuamente su trabajo de manera ofensiva, puede que se le vayan quitando tareas y asignándole nuevas que no tienen sentido… Hay agresiones verbales e, incluso, puede llegare a ataques a su vida privada o la burla por sus creencias o actitudes. Esta situación va haciendo que la víctima tenga el sentimiento de que cada vez controla menos su vida, que tengan miedo a ir a trabajar, que sufran ansiedad… “En determinado momento, donde ya no podía más, firmé una excedencia voluntaria de seis meses casi sin saber lo que firmaba y perdiendo así todos mis derechos”, argumenta María. Para ella, esto supuso el principio del fin al acoso laboral. Comenzó a darse cuenta de lo que había sufrido y buscó ayuda para recuperarse, arropada por sus hijos. Pero muchas otras personas hostigadas y acosadas en sus trabajos tienen desenlaces peores con graves enfermedades o incluso deciden quitarse la vida ya que no ven una salida a su situación.

El acoso laboral es una realidad diaria para miles de personas trabajadoras, pero difícil de demostrar. Los expertos consideran que de cada 100 casos de mobbing, tan sólo un 1% llega a los tribunales y un porcentaje menor consigue ganar el juicio. Se necesitan nuevas leyes, nuevas normas para que los acosadores no queden impunes, pero también hay que mejorar el capítulo de las relaciones en el trabajo. Hay que recuperar la solidaridad entre compañeros y el espíritu de equipo para que acudir cada día al trabajo no se convierta en pesadilla.
(Centro de Colaboraciones Solidarias)

ccs@solidarios.org.es

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