Colombia: La verdad es siempre revolucionaria

Publicado por el 22 agosto, 2013

Alberto Pinzón Sánchez

Solía decir Lenin y, de otra manera quizás no tan política sino matemática aunque con igual sentido, lo expresó Einstein: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Este pudiera ser un buen epígrafe al informe de 431 páginas “Basta Ya”, producido por el centro oficial de memoria histórica de Colombia, dirigido por Gonzalo Sánchez Gómez.

Dada la extensión y prolijidad de este informe, que pretende mediante un acto del Poder oficial establecer la verdad sobre el llamado conflicto interno colombiano, no ha sido fácil su lectura y por lo tanto, aún en círculos bastante especializados, no se ha producido una acotación crítica minuciosa del mismo. Sin embargo ya empiezan a verse opiniones serias sobre el mismo, que intentaré sintetizar:

1- Sobre la arbitrariedad de la fecha establecida como inicio del conflicto colombiano, el cual recorre como un espectro casi todo el siglo XX, más lo que llevamos corrido del Siglo XXI y, que como es obvio, tiene antecedentes históricos próximos como la violencia de 1930 y de 1946 y lejanos, como la masacre de las bananeras en 1928 y las 9 guerras civiles del siglo XIX, antecedentes todos, bien definidos y fácilmente comprobables en la historia escrita y no escrita de Colombia.

2- Dentro de estas causas próximas, no se analiza con la seriedad debida el importante papel jugado durante todo el desarrollo del conflicto hasta ahora, por el gobierno de los EE UU.

3- Pese a mostrar parte de la indefinible tragedia que sufren las mayorías trabajadoras del país, no se establece la responsabilidad de la clase dominante y dirigente del Estado colombiano, que a lo largo de todos estos largos años ha adelantado la guerra antisubversiva; especialmente en el último periodo analizado, cuando según se ha establecido por diversas sentencias judiciales nacionales e internacionales, ha habido horrorosos crímenes de Estado y de abierto terrorismo de Estado, como en el caso del exterminio político de los 5 mil militantes de la Unión Patriótica y de la Izquierda verdadera, bastante mencionado a lo largo de relato, pero no analizado como tal; como un caso de Terrorismo de Estado.

4- Pese al extenso análisis sobre la precariedad del aparato de justicia colombiano, de sus modificaciones o adaptaciones para adelantar la guerra antisubversiva. La superestructura jurídica que necesariamente refleja la dinámica de la estructura económica, no valora en ningún caso los tres aspectos más sobresalientes y ampliamente documentados del circulo vicioso del conflicto social y armado como son, primero, la total Impunidad reinante para los responsables institucionales, segundo, la politización bipartidista del aparato judicial, y tercero, la larga y tortuosa historia de la guerra jurídica antisubversiva (antes síndrome de la procuraduría, hoy desmoralización del ejército y Fuero Militar).

Como la guerra en Colombia se ha desplazado a tierra caliente, el aforismo de que “la justicia es para los de ruana” se ha trasformado en que la justicia es como la culebra que solo pica, o muerde a quienes van descalzos, o no llevan las gruesas botas militares.

5- La división escolástica entre buenos y malos que se hace de la sociedad colombiana, ahora presentada en el imprecisa oposición de víctimas-victimarios, cuando es bien sabido que en la realidad de la vida una persona que se reclama víctima, también pude ser victimaria. Por ejemplo, el caso emblemático del hijo de un político quien con razón se reclama víctima, pero a quien las guerrillas le asesinaron su padre por estar como victimario en la guerra.

6- Y para seguir con el caso de las víctimas del conflicto, cito esta observación de Jairo Ramírez (1): ..“No pueden catalogarse “víctimas del conflicto” a cinco millones de campesinos, indígenas y negritudes expulsados de sus tierras por la acción militar-paramilitar para favorecer las inversiones de la agroindustria de la palma africana, la caña de azúcar; las explotaciones de oro y carbón; la construcción de hidroeléctricas o las exploraciones y explotaciones de hidrocarburos. Estos no son hechos derivados del conflicto, son acciones criminales de despojo violento cobijados por el Estado para favorecer unos intereses desmedidos de lucro, por parte de grandes capitales trasnacionales.

¿Qué tienen que ver los llamados “falsos positivos” con el conflicto? 3.700 jóvenes reclutados por el ejército con la oferta de empleo que a los dos días fueron asesinados a sangre fría y después aparecieron enterrados en fosas comunes en zonas distantes de su lugar de origen. Es el retrato maloliente de una miseria institucional urgida de mostrar artificiosos triunfos militares al financiador del Plan Colombia”….

7- ¿Solución Política o Solución Jurídica? En mi modesta opinión y conociendo (de lecturas) a algunos miembros de la redacción, el informe está concebido y escrito con una precisión de relojero, cuyas intenciones desconozco, pero cuya finalidad última es esta:

Remplazar la concepción revolucionaria de la Solución Política al conflicto social y armado colombiano, la que al hacerse masiva se ha tornado (como diría Marx en una fuerza material poderosa).

Remplazarla digo, por la astuta fórmula “santanderista” de la Solución jurídica del mismo; aprovechando que en el seno de la Izquierda Rosa no hay unanimidad sobre el concepto de la Salida Política y se habla de “salida negociada”, quitándole exprofeso su aspecto político. Al contrario de Uribe Vélez y el alto mando militar colombiano, quienes si tienen bien clara y definida su teatro operacional para continuar indefinidamente la guerra con el patrocinio de siempre.

Miremos algunas características de este informe que recuerda a otro de proporciones e intenciones semejantes, redactado por Hernando Gómez Buendía, llamado “Conflicto colombiano. Callejón con Salida”

El informe es redactado al parecer, por lo menos el relato histórico, por un ex marxista-leninista de los 70, cuya fuerza analítica del materialismo histórico abandonó o remplazó por la reciente moda historiográfica estructural- funcionalista de la Memoria Histórica planteada por Pierre Nora y difundida (con buen financiamiento) por múltiples ONGs y organismos internacionales o supranacionales, está orientada a “destacar el esfuerzo consciente de los grupos humanos por entroncar con su pasado, sea éste real o imaginado, valorándolo y tratándolo con especial respeto” (2).

Primero, el histórico conflicto social y armado colombiano no está ideado con la concepción de la lucha de clase, hace tiempo abandonada, sino como una obra de teatro, con actores, libretos, escenarios, cortinajes, telones y teloneros, para dar la sensación de neutralidad y objetividad; pues todos los actores a la larga resultan siendo iguales al juicio del espectador. Unos más impresionantes que otros, pero al final, muy semejantes porque lo que queda es la obra integral.

Segundo, esto explica el galimatías teórico que recorre como un tufo toda la magna obra. Todos los actores (o mejor los tres) son iguales de violentos y brutales. Todos. Pero a continuación viene el cubileteo jurídico. Uno es legal, el Estado, así haya sido el más ilegal e ilegítimo de todos, y los otros dos, guerrillas y paramilitares son ilegales. De aquí con esa experticia que da la claridad de tener clara la historia de Colombia, porque se ha estudiado a fondo y se es especialista en ella, viene la redacción del informe con esa técnica característica de las ONGs oficiales de escribir un renglón cierto y el siguiente dudoso, muy resumido, o mal tratado, sabiendo incluso que una verdad parcial es una mentira.

Y Tercero, a continuación viene el juego del libreto: unas veces, según sea conveniente para los patrocinadores del informe, se habla de los actores del conflicto en general, y en otras, sin mayor detenimiento y sin diferenciación clara, se habla de los actores ilegales del conflicto. Resultado: en la oscuridad todos los gatos son Pardos. Lo esencial es la legalidad o la ilegalidad del actor o su relación con la Ley, como supremo Deus ex machina del conflicto. Bueno para algo sirve haber leído a Hegel ¿No?

No importa, claro está, que el Estado sea la expresión de esa deidad legal y que la haya violado planificada y sistemáticamente, por ejemplo, al haber implementado la estrategia paramilitar del Estado, comprobada innumerables veces el padre jesuita Javier Giraldo ( a quien se cita para desagraviar) o con el terrorismo de Estado innombrado.

Tampoco importa que las guerrillas hayan reclamado el derecho humano a la legítima defensa cuando el Estado los ha agredido, o el derecho universal a la rebelión no existe en Colombia: La rebelión es un delito; son ilegales y punto. Más allá no hay política ni nada.

Por Ultimo, bien vale darle una leidita a la bibliografía para darse cuenta del tremendo peso conceptual en el informe de los “historiógrafos extranjeros” con intereses específicos en Colombia; de ONGs trasnacionales o ligadas a ellas en temas jurídicos, y el poco peso dado a las obras alternativas de historia de Colombia, o a ONGs populares o contestatarias que han hecho verdaderos aportes a la compresión actual de la crisis colombiana. .

Para concluir, sí creo que este informe (el cuál debe ser ampliado y espulgado) es un buen comienzo en el camino de encontrar las múltiples verdades (no una sola) que subyacen como un magma hirviente en el fondo del conflicto social y armado colombiano.

(Argenpress.Info)

Notas:
1) http://prensarural.org/spip/spip.php?article11764
2) http://es.wikipedia.org/wiki/Memoria_hist%C3%B3rica

http://www.argenpress.info/2013/08/colombia-la-verdad-es-siempre.html

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