De las bajas colaterales a los drones

Publicado por el 23 agosto, 2013

Manuel E. Yepe

Lo que el gobierno de los Estados Unidos identifica como “bajas colaterales” cual si fueran un mal inevitable universalmente aceptado como acompañante de un objetivo militar justo según los principios del derecho internacional, no son realmente subproductos indeseables, sino el objetivo esencial de sus acciones bélicas: su propósito terrorista.

 

Cuando el Presidente de los Estados Unidos amenaza al gobierno de cualquier otro estado con su extraordinario poderío militar, es obvio que lo que está en el centro de su intimidación es presionar al pueblo de la nación en cuestión para que éste fuerce a su gobierno a que ceda ante Washington por temor a las “bajas colaterales” que tendría que soportar. El miedo a las “bajas colaterales” está llamado a influir en los pueblos con tanta o mayor fuerza que las bajas de soldados, la destrucción de instalaciones militares e incluso que la humillación
nacional por la derrota.

El hecho de que el volumen ofensivo  norteamericano supere con mucho la capacidad defensiva del “enemigo” determinará la existencia de abundantes “daños colaterales” y efectivamente es esto lo que siempre ocurre.

Pero las enormes “bajas colaterales”, cuya difusión por los medios de prensa  en Estados Unidos es mínima pero que siempre alcanza gran publicidad en los demás países –especialmente en el agredido-, están destinadas a aterrorizar a los pueblos amenazados. Son sus auténticas armas terroristas.

Sin embargo, hasta principios de 2010, unos 5 mil soldados estadounidenses habían muerto en las guerras de Irak y Afganistán, muchos más que los 2 mil 973 que, según datos del gobierno de Estados Unidos, murieron a causa de las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. El síndrome de Vietnam ronda nuevamente a la Casa Blanca y la estrategia que plantea la élite del poder estadounidense a sus militares es  la de librar guerras “sin
bajas propias”, partiendo de la formidable disparidad de medios bélicos y el amplio control de los medios de prensa que Washington ejerce.

El desarrollo tecnológico aportó para este propósito los vehículos aéreos no tripulados, también conocidos como drones o abejones. Son aviones controlados por “pilotos” desde la tierra que, en su versión bélica, siguen autónomamente una misión previamente programada.

 

Su utilización  ha crecido rápidamente por sus ventajas más notables: pueden volar sin parar durante más tiempo; son mucho más baratos que los aviones militares, y no hay peligro para la vida de los tripulantes porque combaten sentados bien lejos, ante a una mesa.
Sus inconvenientes son de orden moral, ético y humanitario, pero Estados Unidos dispone de gigantescos recursos para controlar los medios de divulgación y reprimir las indiscreciones que hagan públicos las violaciones de este carácter.

Comoquiera que, con el uso de drones, los atacantes están lejos de los horrores de la guerra, en completa seguridad y distantes de la zona de conflicto, sin ver al “enemigo” como seres humanos, tales horrores no juegan el papel disuasivo que normalmente aportan en las batallas.

Tienden a  convertirse en deshumanizados soldados de gatillo alegre con su armamento controlado a distancia en combates en los que una de las partes tendrá todas las bajas y la otra ninguna, al menos en las “guerras” que hasta ahora se están librando entre países separados por una enorme brecha tecnológica.

Tanto los drones estadounidenses Predator como los Reaper británicos-israelíes son operados desde bases próximas a los objetivos pero controlados vía satélite desde las bases Nellis y Creech de la Fuerza Aérea de EEUU en el desierto de Nevada, cerca de Las Vegas.

Los drones armados fueron usados inicialmente en los Balcanes,  contra los países que integraban la federación de Yugoslavia, y desde entonces han servido otros objetivos siniestros del Pentágono y la CIA en Afganistán, Irak, Yemen, Somalia y Palestina, así como en la guerra no declarada de la CIA en Pakistán.

Se conoce que Estados Unidos tiene dos formaciones de drones: una operada  por la USAF y otra por la CIA.
La CIA utiliza drones en Pakistán y otros países para asesinar extrajudicialmente a supuestos “líderes terroristas”.  Las protestas de otras naciones por las violaciones de sus soberanías obligaron en determinado momento al Presidente Obama a anunciar la revisión de la política de drones. Supuestamente, los ataques solo ocurrirían cuando hubiera “certeza suficiente” de que no se producirían muertes de civiles inocentes… pero apenas transcurrido un mes de este anuncio se conocieron nuevas muertes de niños como “bajas colaterales” en ataques de drones.

Agosto de 2013.

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