Ahí viene otra derrota para el águila imperial

Publicado por el 9 octubre, 2013

Manuel E. Yepe

Cuando menos de dos años después del triunfo de la revolución en Cuba el gobierno de Estados Unidos decretó el bloqueo comercial, económico y financiero contra la isla, la pregunta que asaltaba a las mentes de los politólogos, economistas y especialistas de las más variadas materias en todo el mundo era: ¿Cuánto podrán resistir los cubanos la brutal agresión del país de mayor desarrollo tecnológico y más rico del mundo, aislada como está la isla en una región dominada totalmente por Estados Unidos?

Hoy, la pregunta que se hacen es: ¿Cuánto más podrá resistir Estados Unidos la vergüenza y humillación de mostrarse incapaz de sacarse la espina de Cuba y verse aislado en el continente que otrora fuera su patio trasero y del tercer mundo, escenario del ejercicio de su virtual imperio y libre albedrío hasta bien reciente?

Cuando el gobierno de los Estados Unidos finalmente se vea obligado a poner fin al bloqueo a que habrá tenido sometido a su vecino pequeño y pobre durante no se sabe  cuantos años, Cuba saldrá convertida en una superpotencia moral de enorme prestigio por haberse mostrado capaz de soportar el más largo asedio en la historia de la humanidad, de parte de la superpotencia militar, económica y tecnológica más agresiva que haya existido.

Los representantes de Estados Unidos hacen el ridículo desde 1992 en la Asamblea General de la ONU al tratar de fundamentar su voto contra el proyecto de Resolución que presenta Cuba con título de “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, que recibe un aplastante respaldo incluso de cercanos aliados de Washington, porque también ellos sufren por el alcance extraterritorial del criminal asedio, considerado como la mayor violación a los derechos humanos de todo un pueblo que se haya cometido en la historia.

Según expresaba un documento oficial del Departamento de Estado de Estados Unidos de abril 6 de 1960, desclasificado en 1991:

“La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es a través del desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, aun siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en privar a Cuba de dinero y suministros, para reducirles sus recursos financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Cincuenta y cinco años después de tan vergonzosa declaración de propósitos contra los derechos humanos de un pueblo, Cuba ha logrado sobrevivir, aunque a base de los inmensos sacrificios que ha debido, y sigue teniendo, que afrontar.

El próximo 29 de octubre,  dentro del 68º  periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas nadie duda que haya de tener lugar la vigésima-segunda derrota consecutiva para la diplomacia yanqui al discutirse el tema, un nuevo mensaje de la comunidad mundial a Washington, contra su soberbia y prepotencia.

En 2012, 188 de los 193 países miembros de las Naciones Unidas (97 %) votaron a favor de la resolución presentada por Cuba. Junto a Estados Unidos solo votaron en contra Israel y Palau, este último es un protectorado estadounidense en el Pacífico con algo más de 20 mil habitantes. Hubo dos abstenciones, Islas Marshall y Micronesia.

Las votaciones contra el bloqueo comenzaron en noviembre de 1992, cuando en su 47º período de sesiones la Asamblea aprobó por primera vez, con 59 votos a favor, 3 en contra y 71 abstenciones, una resolución así. Cada año se han sumando más países a la condena.

En ningún momento, desde su implantación, ha existido justificación moral o ética para lo que eufemísticamente el gobierno de los Estados Unidos llama embargo, en tanto que nuevas disposiciones ejecutivas y congresionales han ido engrosando el cuerpo jurídico de la política de prohibiciones, penalidades y amenazas de sanciones contra Cuba hasta extremos inauditos.

Para colmo del irrespeto por el consenso internacional, el Departamento de Estado de los Estados Unidos ha colocado y mantiene a Cuba en una lista de países sancionables por promover o proteger el terrorismo.
Viva contradicción con el hecho de  que la población de la Isla ha sido, durante más de medio siglo, víctima de horrendos actos de terrorismo promovidos, financiados o permitidos por Washington. El más extenso de todos: el bloqueo comercial, económico y financiero que cada año condena p ara oídos sordos la comunidad internacional.

Octubre de 2013.

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