¿Crisis capitalista pasajera o de muerte?

Publicado por el 28 Diciembre, 2013

Manuel E. Yepe

“Cuando significativos mercados económicos de Estados Unidos enloquecieron en el verano y el otoño de 2008, un miedo, incluso
pánico, golpeó a los encargados de desarrollar e implementar la política económica. El pensamiento capitalista desenfrenado, con
religiosa confianza en los mecanismos de mercado, parecía estar en retirada irreversible”.

Así inicia el destacado economista marxista estadounidense Zoltan Zigedy, un ensayo insertado en su blog ZZ en el que aborda la espiral de despidos, reducción del consumo, acumulación de capital y crecimiento retardado, seguida de más despidos, más reducción del consumo, etc., etc. que acompañaron aquella crisis económica.

Los legisladores trataron de encontrar una respuesta a una crisis que amenazaba profundizarse y difundirse a los confines de la economía mundial, escribe ZZ.

Al final de la administración Bush, los líderes de ambos partidos aprobaron la inyección de cientos de miles de millones de dólares
públicos en el sistema financiero con la esperanza de estabilizar el valor de mercado “rescatando” a los bancos.

Temprano en la administración de Obama, se elaboró otro programa de recuperación valorado en casi tres cuartos de un billón de dólares, que involucraba una combinación de impuestos, cortes, proyectos público-privados de infraestructura, entre otras acciones, tratando de desencadenar una explosión de la actividad económica para poner en marcha un motor económico estancado. La Reserva Federal continuó ofreciendo una transfusión $75 mil millones cada mes a las venas de la críticamente enferma economía del país.

En las 3 últimas décadas del siglo XX, el consenso económico vigente en Estados Unidos consideraba acción desestabilizadora y no correctora la regulación de los mercados. La propiedad pública y los servicios públicos eran vistos como ineficientes e insostenibles por las fuerzas del mercado. La vida pública y privada más allá del universo económico se sometieron a los mercados, siendo medidos por los mecanismos del mercado y analizados a través del lente del pensamiento mercantil.

De hecho, hablar de mercado se convirtió en la lingua franca que unificaba todas las ciencias sociales y humanísticas de la época. A la caída de la Unión Soviética, dice ZZ, sólo movimientos independientes, antiimperialistas y de mercado cauteloso como los liderados por Hugo Chávez, Evo Morales y otros pocos, obtenían ciertos éxitos políticos contra la dominación global sin precedentes de los mecanismos privados de propiedad y el mercado.

El capitalismo, en su forma más sencilla y agresiva, disfrutaba de momentos de triunfo, hasta que en el año 2000, bajo la forma de una grave recesión económica, la llamada “recesión punto-com”, significó una pérdida de $5 mil millones en el mercado de valores y la desaparición de millones de puestos de trabajo.

Los economistas, alarmados por la lenta recuperación de los puestos de trabajo en la economía mundial y estadounidense, fueron golpeados con otra crisis, más potente, en 2008.

Claramente, la primera década del siglo XXI será recordada por los estadounidenses como una década plagada de crisis económica e incertidumbre, continuada hasta nuestros días.

En el siglo XXI la crisis desafió la ortodoxia imperante acerca de la propiedad privada y los mercados sin trabas. Tan sólidos y fervientes defensores de la ortodoxia como el Wall Street Journal, The Economist y The Times fueron sacudidos por la crisis, cuestionando la validez de los principios económicos clásicos.

Ningún principio es más querido e imprescindible para el libre mercado que la idea de que los mercados se autocorrigen. Creían que podría haber desequilibrios económicos de corto plazo o contracciones, pero el movimiento del mercado siempre tendía al equilibrio y la expansión a largo plazo.

Sin embargo, el cambio esperado no ha llegado. Pese a más de 5 años de decadencia y estancamiento, la ideología de libre mercado continúa dominando tanto el pensamiento y la política.

Todo lo que sabemos sobre mercados, indica que desde que comenzó el proceso de desregulación seria de los mercados en la década de 1970, las crisis han ocurrido con más frecuencia, con mayor amplitud y más graves consecuencias humanas.

Con la caída del socialismo en la Unión Soviética y Europa Oriental, fue entregado un enorme nuevo mercado al sistema capitalista mundial, un mercado que energiza aún más las oportunidades de acumulación de capital y beneficios ampliados.

Sin embargo, según explica ZZ, el capitalismo no logra evitar las crisis propias de ese sistema porque ellas no se ubican en el ámbito de la circulación (coincidencia de producción y consumo), sino en el mecanismo de generación de ganancias del capitalismo, su alma verdadera.

La única respuesta a la falla de corazón del capitalismo es un cambio de dieta y poner al socialismo en el menú, escribe ZZ.

Diciembre 25 de 2013.

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