El saludo de Raúl Castro y Barack Obama

Publicado por el 15 diciembre, 2013

Manuel E. Yepe

Las relaciones internacionales tienen como premisa el respeto recíproco y la cortesía.

 

Es eso lo que, por encima de cualquier otra consideración, fue el motivo por el que estrecharon las manos en señal de saludo en Sudáfrica los presidentes de Cuba y Estados Unidos, Raúl Castro y Barack Obama.

 

Cuba y Estados Unidos, pese a la tensión que caracteriza sus tortuosas  relaciones, mantienen respetuosos vínculos que tienen cotidiana expresión en la existencia de respectivas oficinas de representación en Washington y La Habana.

 

Se trata de una alternativa para las relaciones diplomáticas formales que fue acordada hace casi 40 años, cuando ambos gobiernos así lo decidieron para darle mayor operatividad y alcance a sus nexos y poder tratar los asuntos que por su carácter o su urgencia requerían de una vía más expedita que la que podían propiciar los nexos a través de terceros países designados por las dos partes para el manejo de estos vínculos tras la ruptura de sus relaciones diplomáticas en 1959.

 

En una entrevista recientemente concedida al periódico cubano Granma por el Embajador de Cuba Ramón Sánchez-Parodi, quien se desempeñó durante 12 años al frente de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington se divulgan abundantes ejemplos del útil papel que han desempeñado estas misiones cuasi diplomáticas en la evitación o atenuación de enfrentamientos y promoción de posibles reencuentros entre ambos países.

 

De modo que al estrechar sus manos, Barack Obama y Raúl Castro no estaban cometiendo violación alguna del ceremonial ni otras reglas de las que rigen las formalidades en las relaciones internacionales.

 

Comoquiera que las dos naciones son partes integrantes del sistema de las Naciones Unidas, con iguales derechos en ese y otros organismos y organizaciones internacionales, los vínculos se han desarrollado sobre la base de principios básicos del derecho internacional y la cortesía por una y otra parte, sin que ello haya significado necesariamente modificación de la tensión que ha caracterizado a estas precarias relaciones.
Por eso, el acontecimiento de que los primeros mandatarios de Cuba y Estados Unidos estrecharan sus manos en saludo durante las ceremonias oficiales por el fallecimiento de Nelson Mandela, no debía asombrar.

 

El fallecimiento de Mandela fue muy lamentado por los pueblos de todo el mundo pero, de manera muy particular, repercutió en ambas costas del Estrecho de la Florida.

 

El líder revolucionario de Sudáfrica, ha estado durante muchos años vinculado a Cuba por una estrecha amistad con Fidel Castro, el líder histórico de la revolución cubana, un vínculo públicamente exaltado por ambos héroes de sus respectivas naciones.

 

Esos nexos también se asientan en el firme y generoso apoyo que miles de cubanos brindaron a la lucha de los revolucionarios sudafricanos contra el oprobioso apartheid.

 

Más de dos mil cubanos murieron en África combatiendo junto a sus pueblos contra el colonialismo. Sus nombres están grabados en una pared de piedra -cuya construcción impulsó Mandela- en la colina del parque de la Libertad en Pretoria, la capital de Sudáfrica.

 

Momento culminante del internacionalismo cubano fue, en 1988, la batalla de Cuito Cuanavale, en Angola, contra el ejército racista sudafricano, abanderado del apartheid. Aquella victoria propició la independencia de Namibia, significó un punto de inflexión en la lucha contra el apartheid y abrió la senda para la liberación de Mandela tras 27 años de encierro en prisiones de su país, con extenuantes jornadas de trabajo forzado en canteras.

 

De la otra parte, en Estados Unidos, la presidencia de la nación está siendo desempeñada, por vez primera en la historia, por un descendiente de africanos, no blanco. Ese nexo promovió, indudablemente, una empatía entre el héroe africano y el primer mandatario negro estadounidense, hecho que ha estimulado el apoyo de la comunidad afroamericana al Presidente Barack Obama,  especialmente en tiempos de elecciones.

 

Los poderes fácticos de Estados Unidos así como los medios corporativos de la gran prensa se han ido quedando cada vez más huérfanos de argumentos que sustenten la exclusión de Cuba y el rechazo a la normalización de los nexos con la mayor de la Antillas.

 

Cada vez suenan más añejos e insustanciales los alegatos contra la isla rebelde, tildada de promotora de guerrillas, satélite soviético, terrorista, violadora de los derechos humanos y de mil maneras más demonizada. Año tras años, más del 98% de la comunidad internacional ratifica en Naciones Unidas su condena al criminal bloqueo económico y comercial contra Cuba.

 

Con mucho tino pregunta a Obama el politólogo Tom Hayden en el título de un artículo suyo aparecido en el diario Los Angeles Times el 13 de diciembre: ¿No es ya tiempo de que Estados Unidos estreche la mano de Cuba también?
Diciembre 14 de 2013.

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