Cambiar este sistema de raíz

Publicado por el 17 febrero, 2014

Xavier Caño Tamayo*

¿Cómo calificar que una gran empresa con buenos beneficios despida o deje en la cuerda floja a casi un tercio de sus trabajadores? Es el caso de la multinacional Coca Cola en España, que va a perjudicar a 1.250 asalariados; 750 despidos y 500 presuntamente recolocados en otros centros de la marca. Pero esa recolocación puede perpetrarse a 75 km de su domicilio, cuando los empleos estén disponibles y aún entonces el trabajador deberá superar una oposición para ser contratado de nuevo.

Sorprende porque todas las empresas que forman Coca Cola en España ganan dinero. Facturan 3.000 millones € anuales año y tienen 900 millones de beneficios. No es de extrañar esas ganancias, porque Madrid, por ejemplo, consume 2.600.000 botellas al año.

O quizás no sorprenda tanto. Coca-Cola mundial quiere doblar sus beneficios según su proyecto 20+20. ¿Y qué camino elige? Lo que los maestros del eufemismo del capitalismo neoliberal llaman ‘devaluación interna’. En plata, rebajar salarios hasta donde puedan. ¿Y qué mayor rebaja que despedir y dejar de pagar?

El caso de Panrico, empresa de productos alimenticios, es más sangrante porque la empresa, además de despedir y rebajar salarios, reclama a los trabajadores 5 millones de euros como indemnización por daños y perjuicios causados por la prolongada huelga. La empresa además pide que la huelga sea declarada ilegal. Una huelga contra 234 despidos (de 351 trabajadores) y rebajas salariales del 15% al 40%, cuando los trabajadores ya aceptaron recortes salariales en 2012.

Ha habido numerosas huelgas, más cargas policiales y detenciones de trabajadores en varias empresas. Sobre todo desde que entró en vigor la contra-reforma laboral del Gobierno del Partido Popular hace menos de dos años. Desde entonces ya son más de 48.000 empresas en España las que han iniciado expedientes de regulación de empleo; es decir, medidas de reducción de plantilla (que incluyen despidos masivos) y notable reducción de salarios. Y es que las facilidades para despedir a menor coste, sin necesidad de llegar a un acuerdo con los sindicatos, son aprovechadas a fondo por las empresas.

Pero no solo cuecen habas en el Reino de España. En Reino Unido, la banca Barclays anunció que en 2013 multiplicó beneficios. Pero, casi al mismo tiempo, decidió cerrar muchas oficinas y despedir a 12.000 empleados (casi un 9% del total). Por lo visto también optan por la “devaluación interna” para aumentar beneficios y no que éstos procedan de la actividad productiva.

Y en ese contexto de rebajas salariales y despidos en aumento, el presidente del banco BBVA, Francisco González, se sube el sueldo hasta más de 5 millones de euros por el ejercicio de 2013; 3 millones y medio en metálico y 1 millón seiscientos mil euros en acciones. Pero no es el único ni una excepción. ¿Es una revaluación interna?

Y ahora hay que recordar lo obvio. Este conflicto, que ha tomado la forma de saqueo masivo de la ciudadanía en los últimos años, es sencillamente lucha de clases. No sólo entre empresarios de la economía real productiva y trabajadores, sino conflicto entre clases trabajadoras y capital, la forma más genuina de lucha de clases. No en vano poder financiero y ciudadanía tienen intereses diferentes e irreconciliables como el devenir histórico ha demostrado aún más desde el siglo pasado.

¿Qué es de otro modo la crisis financiera, la austeridad empobrecedora e incluso homicida sino lucha de clases? Lucha de clases entre la minoría capitalista financiera y la ciudadanía cuando aquélla fuerza a que ésta pague los excesos, incompetencias y codicias de la muy minoritaria clase financiera.

Como escribió Marx, el conflicto de clases se ha dado a través de la Historia entre pobres y ricos, hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, aristócratas y siervos, capital y proletariado. Y hoy, además, entre ciudadanía y poder financiero. Un análisis lúcido de los problemas que sufren las clases trabajadoras y, por extensión, la ciudadanía, ha de afrontarse con la clara conciencia de que el conflicto, la crisis, la imposición de la austeridad… son lucha de clases. Y, desde esa perspectiva, se concluye necesariamente que no cabe reformar este sistema, el capitalismo. No sirven los apaños. Hay que cambiarlo de raíz. Acabar con el capitalismo. O no hay salida. Se tarde lo que se tarde.
(Centro de Colaboraciones Solidarias)

*Periodista y escritor

Twitter: @xcanotamayo

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