Promesas encarceladas

Publicado por el 9 febrero, 2014
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guantanamoDalia González Delgado

“Guantánamo se cerrará en el plazo de un año a partir de ahora”, aseguró Barack Obama en el 2009, recién llegado a la Casa Blanca. “Este es el año indicado para que el Congreso levante las restricciones remanentes para los traslados de prisioneros y para que cerremos la prisión”, dijo la semana pasada durante el Discurso del Estado de la Unión. ¿Por qué ha pasado un quinquenio entre una declaración y otra?

Los testimonios de exreclusos han hecho que el penal gane merecida fama de campo de concentración. FOTO: Getty

El centro de detenciones ubicado en la ilegal Base Naval de Guantánamo es una de las herencias más oscuras de George W. Bush (hijo), y una de las más obvias promesas incumplidas del actual mandatario. Abrió en su forma actual tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 para confinar allí a los supuestos sospechosos de terrorismo, aunque no hubiera pruebas en su contra.

Si bien Obama ha mencionado en algunas ocasiones su intención de cerrar la cárcel, el tema ha pasado largas temporadas en el olvido de la opinión pública. El 28 de enero, durante su discurso anual ante los legisladores, el mandatario volvió a insistir.

“Creo que el Presidente tiene que establecer el objetivo y tratar de lograrlo. Y eso es lo que está haciendo”, dijo el congresista Adam Smith, del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes. Sin embargo, reconoció que el punto de conflicto más grande es que el Congreso se opone a la transferencia de cualquiera de los internos a territorio norteamericano.

Aunque las cifras en torno a la cárcel no son exactas, se estima que hay actualmente unos 155 prisioneros. Las detenciones indefinidas y los testimonios de exreclusos han hecho que el penal gane merecida fama de campo de concentración. Allí se aplican modalidades de tortura como el aislamiento en celdas con temperaturas ex-tremas o el waterboarding (ahogamiento simulado). El limbo legal en que viven los reos ha generado críticas de la comunidad internacional.

Michael Lehnert, general estadounidense que inauguró el centro de detención, ha reiterado que fue un error y debería cerrarse, porque “da validez a todas las percepciones negativas de Estados Unidos”.

“La estrategia de detención e interrogatorio en su conjunto fue equivocada”, escribió en diciembre pasado. “Es hora de cerrar la prisión para cumplir las leyes domésticas e internacionales, la Constitución estadounidense y velar por el respeto a los derechos humanos”, señaló.

La cárcel es “la peligrosa expansión del poder ejecutivo y las detenciones ilegales, las prisiones secretas y la tortura”, subrayó en un editorial el diario The New York Times.

¿Por qué entonces no la cierran? El analista político cubano Ramón Sánchez-Parodi —primer jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, entre 1977 y 1989—, opina que en Estados Unidos “no hay consenso” sobre ese asunto.

Según explicó a Granma, los que se oponen alegan como razón principal el hecho de que al cerrar la cárcel tendrían que trasladar los presos a territorio norteamericano, y entonces caerían en su sistema judicial. Por otra parte, también hay resistencia en los estados a alojar a esos presos, porque eso podría convertirlos en blanco de eventuales ataques. Así, una decisión de Obama de cerrar la cárcel lo colocaría en conflicto con el Congreso y con los gobiernos estaduales que estarían implicados.

Pero Sánchez-Parodi remarca que esos son solo los argumentos públicos, y que en el fondo, lo que está ocurriendo es “una forma de la ‘oposición’ dentro del establishment para atacar a Obama, colocándolo en situación de incumplir sus promesas electorales”.

“El tema Guantánamo no es más que otro peón en el juego político entre los distintos grupos de poder con presencia en el Congreso”, reafirma por su parte el Doctor Ernesto Domínguez, del Centro de Estudios Hemisféricos y Sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana.

A su juicio, “a casi nadie le interesa realmente la cárcel, más allá de algún interés por mantener alguna política de los tiempos de Bush y de algún rechazo a asumir en el territorio continental a los prisioneros que quedan allí”.

“Lo más probable es que el verdadero sentido sea bloquear en la medida de lo posible a Obama y su administración, lo cual lo lleva a utilizar métodos más expeditos pero de menor trascendencia en el sistema como las órdenes ejecutivas”.

Obama anunció en el Discurso del Estado de la Unión que podría recurrir a esos métodos. Legalmente tendría la potestad de firmar una orden ejecutiva que pusiera fin al centro de detención, aclaró a nuestro diario la Doctora Rosa López Oceguera, del CEHSEU. “Pero políticamente, con la situación que tiene ante el Congreso, no se lo puede permitir”, subrayó.

A pesar de la “bravuconería” que mostró en el Discurso del Estado de la Unión, Obama no puede atentar contra el sistema —comenta—, y no solo sectores políticos, sino poblacionales, se oponen a la entrada de los prisioneros en suelo norteamericano.

Habrá que esperar para ver si realmente Obama, más allá de sus pronunciamientos, tiene la voluntad política para cerrar la cárcel, concluye la experta.
(Granma)
http://www.granma.cubaweb.cu/2014/02/07/interna/artic05.html

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