La otra política exterior de Washington

Publicado por el 14 abril, 2014

Manuel E. Yepe

La “National Endowment for Democracy” (NED), eje central en la guerra propagandística de Estados Unidos contra la Unión Soviética en sus últimas tres décadas, se ha convertido en una gigantesca organización financiada por el gobierno de Estados Unidos que se dedica a apoyar la agenda neoconservadora de la élite del poder estadounidense que a menudo sostiene un diálogo de sordos con la política exterior de la administración de Obama.
La NED es frecuentemente motivo de contradicciones y confusiones en relación con golpes de estado promovidos por  Washington contra mandatarios democráticamente electos cuyas políticas EEUU considera hostiles o, cuando menos, incómodas.
Se ha visto que mientras algunas de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) patrocinadas por la NED dan apoyo a rebeliones contra gobiernos legítimos con dinero del gobierno de Estados Unidos, el Secretario de Estado John Kerry y otros altos funcionarios aseguran que Estados Unidos no está detrás de estas insurrecciones.
Así, mientras el Presidente Barack Obama parecía fomentar una relación constructiva con el presidente ruso Vladimir Putin, especialmente en zonas tensas como Irán y Siria, la NED invirtió miles de millones de dólares en 65 proyectos en Ucrania, el cercano vecino de Rusia, en los que estaba implícito el objetivo de  alimentar protestas violentas que condujeran a la evicción del presidente Viktor Yanukovich, quien en 2010 había sido electo por votación mayoritaria de la ciudadanía ucraniana que podría ser ratificada o rectificada en las próximas elecciones programadas para el 2015.
Para la NED, la legitimidad electoral de Yanukovich se mantuvo solo mientras éste aceptó los acuerdos comerciales y las reformas económicas para países europeos impuestas por la NED y sus patrocinadores “neocons”. Cuando Yanukovich juzgó el precio demasiado alto para Ucrania y optó por un trato más justo, se planteó
inmediatamente como objetivo el “cambio de régimen”.
En septiembre de 2013, el presidente de la NED, Carl Gershman, publicó en las páginas del Washington Post una declaración instando al gobierno de Estados Unidos a que exigiera de Ucrania y otras repúblicas ex soviéticas acuerdos de “libre comercio”, consigna insignia de los neocons en todo el mundo. Gershman, abogaba por el
aislamiento de Ucrania respecto de Rusia como preparación de las condiciones dirigidas al derrocamiento de Putin una vez que  perdiera esa pieza clave en el tablero de ajedrez mundial.
“Ucrania es el premio mayor”, escribió Gershman. “En Ucrania, las oportunidades son considerables y de muchas importantes maneras Washington podría ayudar. Estados Unidos necesita comprometerse con los gobiernos y la sociedad civil en Ucrania, Georgia y Moldavia para asegurar que el proceso de reforma en marcha no sólo promueva el comercio y el desarrollo sino que también produzca gobiernos menos
corruptos y más responsables.
“Un acuerdo de asociación con la Unión Europea no debe verse como un fin en sí mismo sino como un punto de partida que  hacer posibles reformas más profundas y una democracia más auténtica.
“La democracia rusa también puede beneficiarse de este proceso. La unión de Ucrania a Europa acelerará la desaparición de la ideología del imperialismo ruso que representa Putin. Los rusos también enfrentan una opción, y Putin puede encontrarse en el bando perdedor si permanece en la cerca, teniendo la solución dentro de Rusia misma y no en el extranjero”.
En cumplimiento de estas metas, NED patrocinaba la cifra asombrosa de 65 proyectos en Ucrania, con financiamientos mediante ONGs, que podían ser, desde decenas de miles, hasta cientos de miles de dólares. De hecho, la NED había creado lo que equivalía a una estructura política en la sombra con medios de comunicación y grupos de activistas capaces de crearle situaciones difíciles al Gobierno ucraniano y suscitar
inquietud en la población cuando su actuación no fuera la deseada por Washington.
Esta estructura en la sombra de la NED, cuando se articulaba  con el trabajo de fuerzas de la oposición interna, lograba capacidad de impugnar decisiones del gobierno legítimo, como ocurrió con el reciente golpe encabezado por los grupos neonazis que lo derrocaron.
Presumiblemente, la NED quería lograr el “cambio de régimen” sin participación de los neonazis, pero la violencia de éstos resultó necesaria para ejecutar el golpe y abrir el camino a las “reformas” exigidas por el FMI.
Con Yanukovich y sus asesores obligados a huir para salvar sus vidas, el Parlamento controlado por la oposición aprobó, a menudo por unanimidad, una serie de leyes neoconservadores que Washington apoyaba y los medios estadounidenses aclamaron lo que estaba ocurriendo sin señalamiento alguno acerca del carácter antidemocrático del golpe de estado que  finalmente condujo a que Crimea se desgajara de Rusia.

 

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