La base yanqui de Guantánamo no será eterna

Publicado por el 28 mayo, 2014

Manuel E. Yepe

De tanto hablar de la necesidad ética y moral de que el gobierno de Estados Unidos clausure la prisión y centro de tortura de detenidos acusados de actividades terroristas que ilegalmente opera fuera de su territorio nacional, se pasa por alto la obligación histórica y jurídica que tiene Washington de devolver a Cuba el pedazo de su patria donde está enclavado el vergonzoso centro, contra la voluntad de los cubanos y de su gobierno.
Los cubanos venían luchando muy duro por su emancipación desde 1868 y estaban a punto de obtenerla cuando Estados Unidos intervino en su guerra de independencia acusando a España de la misteriosa explosión del acorazado USS Maine en el puerto de La Habana, cuando realizaba una visita de cortesía a las autoridades coloniales ibéricas en febrero de 1898.
Tras una batalla de nueve días por la bahía de Guantánamo, soldados norteamericanos al mando del Contralmirante Bowman H. McCalla derrotaron a la  guarnición española por la fuerza de sus cañoneras. “Ahora que han visto a Guantánamo, nunca renunciarán al control de esa posición” escribió entonces a un amigo el patriota y diplomático cubano Manuel Sanguily.
A inicios de 1901, cuando se llevaba a cabo la asamblea llamada a dotar a la futura república de una Carta Magna, Elihu Root, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, adelantó sus criterios acerca de las estipulaciones que el pueblo de Cuba “debe desear” ver incluidas en su Constitución. Entre ellas estaban el derecho a que Estados Unidos pueda intervenir libremente en los asuntos cubanos y crear las bases militares que estime necesarias en territorio cubano.
Estas y otras exigencias estadounidenses formaron parte de la Enmienda Platt, aprobada por el Senado estadounidense en marzo de 1901 a propuesta del Senador Orville Platt y presentada en la convención constituyente cubana para su adopción. Estados Unidos retiraría sus fuerzas de la isla sólo luego que ella fuera incorporada a su Constitución.
Los cubanos se opusieron en masa a la Enmienda Platt.  Juan Gualberto Gómez, destacado líder independentista y delegado en la asamblea constituyente, advirtió que la inclusión de tales reclamos estadounidenses transformaría a los cubanos en sus “vasallos”.
Sin embargo, la Convención, sometida a enormes presiones, tuvo que adoptarla. Lo hizo por votación dividida ante la alternativa amenazadora de que, si la enmienda Platt no se incluía en su constitución, la isla permanecería por siempre ocupada. (La historia de Puerto Rico ha demostrado que aquella amenaza era real).
La marina norteamericana impuso enseguida dos acuerdos que dieron a Estados Unidos el control de la bahía de Guantánamo y un espacio circundante de 45 hectáreas, equivalente a dos tercios el tamaño de Washington, D.C.  El alquiler anual sería de $2.000, pagadero en oro; el contrato de arrendamiento era “por el tiempo necesario” y por tanto carecía de fecha límite.
Desde el principio las condiciones eran ambiguas. Por ejemplo, Cuba retendría “en última instancia” la soberanía, pero Estados Unidos ejercería una “completa jurisdicción y control”, que asumió al mediodía del 10 de diciembre de 1903.
Una brigada de Marina, cinco empresas navales y unos pocos cubanos observaron cómo la bandera de las barras y las estrellas fue izada con el saludo de veintiún cañonazos. No hubo altos funcionarios cubanos en la ceremonia. Un diario norteamericano escribió: “Los cubanos no estaban dispuestos a sancionar con su presencia un acto que consideran injustamente impuesto a ellos”.
Un segundo contrato firmado en 1934, en consonancia con la “Política del Buen Vecino” de Franklin D. Roosevelt, revocó las provisiones constitucionales que permitían a Washington intervenir en Cuba a voluntad e incrementó la renta a $4.085, pero no fijó fecha de prescripción el contrato. La Marina de guerra se había extendido sobre un área adicional de alrededor de mil acres pero el nuevo acuerdo legitimó el hecho al señalar que: “la base continuaría ocupando el
área territorial que ahora tiene”. Según el nuevo texto del acuerdo impuesto a los cubanos éste podría terminar por la retirada de EUA o por acuerdo bilateral, pero no por acción unilateral cubana.
El pasado 22 de mayo de 2014, la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos rechazó un proyecto de acuerdo que autorizaría al presidente Obama a cerrar la ilegal cárcel que opera en la base de Guantánamo. Es necesario que la ciudadanía estadounidense sepa que tal cierre no resolvería, por sí solo, la no menos vergonzosa violación del derecho internacional que constituye la ocupación arbitraria de un pedazo del territorio de un país vecino cuyo único dueño es el pueblo cubano.

Mayo 24 de 2014.

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