Ayotzinapa, caso “sellado”

Publicado por el 31 Enero, 2015

Salvador González Briceño

La verdad sea dicha. Al gobierno de Peña Nieto le urge cerrar el caso de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. El tema Iguala se ha convertido en la pesada roca sexenal del Presidente. Como su sombra, que a todos lados lo sigue. En el país, y en el exterior.

¿Crimen de Estado? No. Porque el Estado no intervino. Siquiera el Ejército. Todo devino en acciones de la maña. Pero la mafia actúa sola. Los negocios del crimen organizado florecen por generación espontánea.

¿Del Ejército? De ellos, los soldados y sus generales, no hay duda. Sin antecedentes, la guerra sucia de los años 60 y 70 en México nunca existió. Cero suspicacias. Esas son historias de otros países con dictadorzuelos como Pinochet, Videla e tutti quanti. En México los presidentes son derechos, como Ordaz, Echeverría. Y Calderón que solo hizo de la guerra contra el crimen un matadero.

¿De la guerrilla? No tiene trascendencia, son idealistas sin base popular. Un pleito sin justificación histórica. Una mascarada sin sentido, como la del EZLN en Chiapas, a favor del TLCAN de 1994, ese ídolo de las redes sociales y la globalización en que devino con el tiempo el subcomandante Marcos.

Los estudiantes de Iguala eran unos revoltosos. Por eso los regaños de los militares la noche del 26 de septiembre, en aquél hospital de donde fueron sustraídos, antes que recibir atención médica. Es más, mentira que el C4 informe a todas las autoridades de los movimientos que hacían los muchachos de la Escuela Normal Rural, Luis Ignacio Burgos.

Nadie sabía nada. Como el jefe militar que acompañaba al entonces presidente municipal, José Luis Abarca, el día de los acontecimientos por la tarde. Todo fue obra de los malosos. Los Guerreros Unidos que andaban (¿ya no?) en disputa con Los Rojos por la plaza. Fue un contrario que confundió a los amigos con enemigos y dio el pitazo; El Gil y El Fercho, los líderes. Abarca daría la contraorden “como sea”. Eso sí. Nadie explica por qué los policías municipales entregaron a los estudiantes a la mafia, y estos a su vez los confundieron con sus enemigos Los Rojos.

Igualmente, el entonces gobernador Ángel Aguirre Rivero, quien corrió a refugiarse a su casa en el DF, no sabía nada. Él desconoce los antecedentes de violencia en su tierra natal. Como de los Figueroa, padre e hijo. Que Rubén no habría consentido a guerrilleros como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez.

Luego entonces, los Guerreros Unidos no trabajan en los negocios. Iguala no es el estado con potencial para el cultivo de amapola. Como tampoco lo es del oro. En Iguala solo hay artesanos de la plata. El oro brilla, pero por su ausencia. Es más, Estados Unidos no demanda ni oro ni drogas. Como si fuera el principal mercado del mundo en consumo de enervantes para entretener a los jóvenes.

¿De Murillo Karam? La pura verdad. Los estudiantes fueron “privados de la libertad, de la vida y arrojados al río”. Así llegó a la conclusión que la verdad primera es la buena. Lo confirmaron la UNAM y El Cepillo. Es la “verdad histórica”, y científica. Por lo mismo, no hay que atraparse en eso. El 2015 no es un año electoral. Ahora todo el mundo sabe lo que pasó. Los padres son los primeros conformes. La sociedad también.
(ALAI)

sgonzalez@reportemexico.com.mx
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