Gastón Acurio: Perú, un país rico sin capacidad de construir una sociedad próspera y justa

Publicado por el 2 febrero, 2015

Dr. Hugo SALINAS

 

Gastón Acurio nos dice que el Perú “es un país rico y que no ha sido capaz de construir una sociedad próspera. Eso demuestra una ineptitud para hacer de este país una sociedad justa”[i]. Entrevista publicada en el diario ABC de España. ¿Por qué no hemos sido capaces de construir una sociedad próspera? ¿Es realmente la “ineptitud” que traba la construcción de una sociedad justa? Entonces, ¿cómo construir una sociedad “próspera” y “justa”?

 
La frase de Gastón Acurio es correcta en toda su extensión. Indudablemente que somos un país rico en recursos humanos y naturales, pero no hemos podido construir una sociedad próspera porque, desde la llegada de los españoles, los gobernantes de la época se orientaron hacia la minería y la agricultura de exportación primaria, mientras que en Europa ya se estaban sentando sólidamente los gérmenes de la revolución industrial.

 
Además, desde el inicio de la República en el Perú, nuestros gobernantes se convierten, si todavía no lo eran, en gamonales o hacendados en base al despojo de campesinos o a los terrenos del Estado, aumentan su riqueza gracias a los fondos públicos provenientes mayormente de la explotación de los recursos naturales, y de la explotación de los trabajadores nativos y de los esclavos traídos de África y Asia. Mientras que en Europa y Estados Unidos la revolución industrial se acelera, aquí en el Perú seguíamos produciendo la tierra con el buey y la chaquitaclla; y los pocos caminos con el que contábamos eran solo para el tránsito de acémilas.

 
En estas condiciones, ¿cómo podríamos alcanzar la prosperidad lograda en los países del Norte? Y la situación actual no es muy diferente a la de aquellos días de la “independencia nacional”. Nuestra economía sigue debatiéndose en su marco tradicional de exportación de materias primas y producción agrícola para la exportación. Ayer, las personas que manejaron la colonia eran los enviados del Rey de España, hoy son los CEO (gerentes) enviados por las empresas mineras multinacionales con sede en los países del Norte.

 
Y no solamente perdimos el tren de la Historia al no haber participado en el proceso de la Revolución Industrial si no que, ahora, con la calidad de gobernantes y líderes del país que tenemos, estamos perdiendo la ocasión de participar en el proceso de desarrollo de la nueva economía inmaterial. Los nuevos productos de la nueva economía se producen, elaboran y comercializan por todos lados, pero nosotros seguimos insistiendo en la extracción de minerales y en la agricultura primaria de exportación. En estas condiciones, ¿cómo podemos, por lo menos, aspirar a sueldos y salarios dignos de la época de la economía inmaterial?

 
El otro problema mayor de nuestra época también lo remarca muy bien Gastón Acurio en la segunda parte de su sentencia: “Eso demuestra una ineptitud para hacer de este país una sociedad justa”[ii]. Así es, no solamente estamos largamente atrasados con relación a la forma más moderna de trabajar como es la economía inmaterial, sino también en las relaciones injustas de repartición del resultado de la actividad económica. Y este es el problema mayor de los pueblos del Sur, como es el caso del Perú. Aquí, por el hecho mismo de haber seguido con la tradición de la dominación española, no hemos ni sabemos rescatar lo más valioso de nuestro pasado: la propiedad colectiva que facilita alcanzar el bienestar general, la cooperación en el trabajo, y la hermandad en la relación social.

 
El mejor legado de nuestro pasado inka y pre-inka es la propiedad colectiva. Una forma de propiedad que permite que todos disfrutemos de la totalidad del resultado de la actividad económica. Y es así, sólo así, que los trabajadores aman a su trabajo, las personas se sienten integradas a su sociedad, y se crea una relación de cooperación y fraternidad. Y una persona que siente que su sociedad lo considera como a uno de sus miembros, en igualdad de condiciones que cualquier otro, es capaz de entregar lo mejor de sí tanto en el trabajo como en la vida diaria. De ahí que, por ejemplo, ante un mismo proceso de trabajo, un esclavo, un pongo o un asalariado, jamás podrá alcanzar el nivel de productividad de un trabajador de una economía con propiedad colectiva.

 
En suma, la economía inmaterial y la repartición igualitaria del resultado de la actividad económica, son las bases económicas, sociales y morales para crear las nuevas instituciones que sustenten el Buen Vivir de las personas. Son estos los dos pilares del modelo socio-económico alternativo que debemos desarrollar para construir un nuevo Perú. Es sobre estos cimientos que debemos levantar la nueva institucionalidad que nos conduzca a una sociedad de fraternidad.
Lima, sjl, 31 de enero del 2015

 

 

salinas_hugo@yahoo.com

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