Beato Oscar Romero en la onda de Francisco

Publicado por el 24 Mayo, 2015

Manuel E. Yepe

Con una entusiasta y multitudinaria ceremonia en la plaza Salvador del Mundo de su capital, los salvadoreños celebraron la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, paradigma de una iglesia católica latinoamericana comprometida con la justicia social en la región que trasciende a esa confesión y ese espacio geográfico para hacerse bandera de todos los pueblos del mundo empeñados en la lucha por aquellos valores por los que dio su vida el inolvidable clérigo centroamericano y los principios patrocinados por el nuevo Papa Francisco.
Desde que Romero fue declarado “mártir por odio a la fe” y que la Comisión de la Verdad instalada tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1992 confirmara que el prestigioso sacerdote había sido asesinado por orden de Roberto d´Aubuisson, fundador del partido Arena de la  derecha salvadoreña y de los escuadrones de la muerte en ese país, la figura del arzobispo Oscar Romero se agigantó y se convirtió en el modelo de “obispo con olor a oveja”, como propugna que debían serlo todos el hoy Papa Francisco, aludiendo a los estrechos vínculos con
los pobres que debía caracterizarlos.
Óscar Arnulfo Romero y Galdámez nació el 5 de agosto de 1917 y fue asesinado el 24 de marzo de 1980. El 23 de febrero de 1977, Romero fue nombrado arzobispo de San Salvador.
El 12 de marzo de 1977, Rutilio Grande un sacerdote jesuita progresista y amigo personal de Romero, que había participado en la creación de grupos de autosuficiencia entre los pobres, fue asesinado.
Su muerte tuvo un profundo impacto sobre Romero, quien más tarde declaró: “Cuando vi a Rutilio ahí muerto me dije que si a él lo habían matado por hacer lo que hizo, yo también tendría que recorrer el mismo camino”. Romero instó al gobierno a investigar, pero hicieron caso omiso a su petición. La prensa censurada permaneció en silencio.
El asesinato de Don Rutilio, despertó  en Romero un radicalismo contra de la pobreza, la injusticia social, los asesinatos y las torturas que no había sido evidente antes.
Los bríos humanitarios de Romero comenzaron a ser notados internacionalmente por sus denuncias de la persecución de los miembros de la iglesia católica que habían trabajado en favor de los pobres. En menos de tres años, más de cincuenta sacerdotes habían sufrido ataques o amenazas y ya había seis mártires por asesinatos. Algunos habían sido torturados y otros expulsados del país. Las monjas también habían sufrido persecución.

 

“Si todo esto sucede con representantes evidentes de la iglesia, -reflexionaba Romero- puedo adivinar lo que sucederá a cristianos ordinarios, campesinos, catequistas, ministros laicos y a las comunidades eclesiales de base contra quienes ha habido detenciones, torturas y asesinatos, en número en los cientos y miles.
“Pero es importante notar que no cualquier ni cada sacerdote ha sido perseguido, no cualquier ni cada institución ha sido atacada. La parte de la iglesia que ha sido atacada y perseguida es la que se puso del lado del pueblo y salió en defensa de las personas. Aquí otra vez nos encontramos con la misma clave para comprender la persecución de la iglesia: los pobres” ha dicho Romero.
En el momento de su muerte, el hoy Beato había acumulado una enorme caudal de seguidores entre los salvadoreños. Lo había logrado en buena medida con sus sermones semanales por radio denunciando desapariciones, torturas y asesinatos. Estos eran seguidos por un discurso de una hora de duración en la radio al día siguiente. Sobre la importancia de estas emisiones, un escritor señaló “los sermones del arzobispo los domingos eran la fuente principal de lo que estaba sucediendo en El Salvador. Tenían mayor sintonía que cualquier otro programa en el país. Las listas de casos de tortura aparecían en “Orientación”, su semanario diocesano.
La noche en que Romero fue mortalmente baleado mientras celebraba Misa en una pequeña capilla ubicada en un hospital llamado “La Divina Providencia”, había llamado a los soldados salvadoreños, como cristianos, a obedecer una orden de Dios y a cesar la represión y las violaciones de los derechos humanos básicos. En cuanto terminó su sermón, Romero se situó en el centro del altar y en ese momento le dispararon.
En esos momentos, estallaron bombas de humo en las calles cercanas a la Catedral y hubo disparos de fusil que venían  de edificios vecinos, incluyendo el Palacio Nacional.
Muchas personas murieron por disparos y en la estampida de gente huyendo de las explosiones y disparos; fuentes oficiales informaron de 31 bajas fatales, mientras que los periodistas calcularon entre 30 y 50 los muertos.
En medio del tiroteo, el cuerpo de Romero fue enterrado en una cripta debajo del santuario y se dice que se hizo tradición homenajear allí al mártir prelado, convertido en Beato Romero y en camino de devenir Santo de la iglesia católica.
Mayo 23 de 2015.

 

http://manuelyepe.wordpress.com/

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