El paradójico tema del turismo estadounidense en Cuba

Publicado por el 6 mayo, 2015

Manuel E. Yepe

Cristóbal Colón no fue el primer turista que visitara Cuba pero, sin dudas, ha sido el principal propagandista del turismo hacia la isla caribeña que recuerda la historia. Según algunos historiadores, Colón escribió o declaró que se trataba de “la tierra más hermosa vista por el ojo humano”. Claro que, luego de varios meses de navegación a través del Atlántico con sólo agua de mar a la vista, el almirante genovés pudo no haber sido totalmente objetivo en su evaluación  que, no obstante, ha servido para promocionar los atractivos de Cuba para el turismo en todo el mundo durante siglos.

Es paradójico el tema del turismo en Cuba. Cuando nació la república neocolonial tras la ocupación estadounidense que frustró el triunfo de la guerra independentista, dos fuertes tendencias influirían en el futuro del turismo estadounidenses hacia Cuba: los que querían que Cuba fuera un vecino decente y quienes sostenían que debía servir como lugar de diversión donde los ciudadanos estadounidenses hallaran cosas que en su país estaban vedadas por las leyes, la moral y las costumbres.

Entre 1915 y 1930, el turismo se convirtió en la tercera fuente de divisas para Cuba, tras el azúcar y el tabaco. Contribuyó a ello el hecho de que Estados Unidos llevaba a cabo entonces una campaña contra la violencia, los vicios y la corrupción que incluía la Ley Volstead, también conocida como “la prohibición”.

Una combinación de la gran depresión de los años 30, el fin de la prohibición, y la II Guerra Mundial dañó gravemente a la industria turística de Cuba. El “turismo” en Cuba se limitó entonces a los hijos de muchas familias adineradas estadounidenses que cumplían sus deberes militares en las tranquilas bases militares en Cuba, lejos de los campos de batalla. Su solvencia económica mantuvo activas  las tiendas turísticas que ofertaban mercancías que solo en el mercado negro se encontraban por esos días en Estados Unidos. En la década de 1950 comenzaron a visitar la isla turistas comunes en una cantidad significativa.

En 1946, la delincuencia organizada de Estados Unidos había realizado en el Hotel Nacional de Cuba una conferencia que tendría una gran influencia en el turismo cubano porque esbozó el modus operandi que regiría la relación del crimen organizado con el turismo en el hemisferio en los años subsiguientes.

Tras esta reunión, la más importante cumbre mafiosa después de la Conferencia de Atlantic City de 1929, La Habana se convirtió en ruta preferida para el comercio de narcóticos con EEUU.

En los años cincuenta un millón 700 mil estadounidenses visitaron La Habana, donde no existían limitaciones para beber, jugar al azar y otras diversiones no aceptadas social o legalmente en casa. La llegada de turistas crecía a un ritmo del 8% anual y La Habana empezó a ser nombrada “Las Vegas de Latinoamérica”.

Pero, en los últimos meses de 1958, el turismo internacional disminuyó casi totalmente debido a la situación intensa de guerra en el país con las guerrillas en el campo y los enfrentamientos entre la policía y los combatientes revolucionarios en las ciudades.

La cohorte de asesinos y torturadores del tirano Batista huyó del país el primer día de enero de 1959 para establecerse en el Sur de la Florida. El gobierno revolucionario ordenó el cierre de bares y salas asociados con la prostitución, el tráfico de drogas y los juegos de azar que daban la imagen de Cuba como un paraíso del placer.

En enero de 1961, Estados Unidos declaró los viajes a Cuba contrarios a la política exterior y el interés nacional estadounidense y poco después rompió las relaciones diplomáticas con Cuba. Comoquiera que el 90% de los visitantes eran estadounidenses,  esto determinó la desaparición del turismo extranjero en Cuba.

En las familias cubanas quedó el sentimiento de que el turismo estaba estrechamente asociado con los males del capitalismo como  el pandillerismo, el proxenetismo, la prostitución, las  drogas y la degradación social y moral que tuvieron vertiginoso desarrollo en los años de la dictadura de Batista. De ahí que fuera acogida con satisfacción su declinar hasta casi desaparecer durante los años inmediatos posteriores al triunfo de la revolución.

Ahora, tras el anuncio de que ambos países han iniciado un proceso conducente a la normalización de sus relaciones, se habla del eventual levantamiento de la prohibición que rige para los ciudadanos estadounidenses de viajar a Cuba.

Del lado Norte las agencias de viajes esperan que el principio de la fruta prohibida incentive espectacularmente la sed de viajar a la isla. Del lado Sur se comprende que los beneficios económicos que derivarán del turismo estadounidense justifican el riesgo que muchos temen a causa de los malos recuerdos, pero se sabe que la experiencia que ya Cuba tiene con el turismo canadiense y el europeo le permitirá garantizar a los turistas estadounidense una acogida digna, sin los desenfrenos y vicios que la parte sana de las poblaciones de ambas naciones rechazan.
Mayo 2 de 2015.

 

http://manuelyepe.wordpress.com/ sinuosidad

FacebookTwitterGoogle+Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.