El robo de talentos al béisbol cubano

Publicado por el 13 octubre, 2014

Manuel E. Yepe

La politización que se pretende atribuir al robo de talentos del deporte cubano, imputando la práctica de este delito internacional a un éxodo anticomunista, agrega cinismo y crueldad a un criminal abuso que desde épocas remotas sufren los países pobres.
¿Cómo es posible que se publique que peloteros cubanos se escapan del comunismo para ir a jugar en las Grandes Ligas de Estados Unidos, si la nueva política deportiva y migratoria de Cuba permite a estos deportistas jugar como profesionales en cualquier país del mundo? El portal Cubainformación, que origina en España, a cargo del periodista vasco José Manzaneda, explicó recientemente cómo funciona el singular robo de talentos del béisbol a Cuba.
El ascenso a Grandes Ligas para aspirantes estadounidenses es, básicamente, a través de equipos universitarios. Comienza por un sistema conocido como “draft” que consiste en un registro en el que se inscriben los aspirantes por medio del cual se regulan las relaciones contractuales y de salario que regirán los vínculos de los peloteros con los equipos y sindicatos. Cuatro años después, los jugadores pueden salir del “draft” y, algunos, (si despuntan como figuras con capacidades excepcionales para el deporte) convertirse en “agentes libres” que pueden negociar por sí mismos grandes contratos.
Como regla, los peloteros latinoamericanos (Cuba excluida), se forman en academias que tienen los equipos estadounidenses por toda América Latina. Siendo apenas unos niños, firman contratos con los clubs que invierten en su formación, lo que deja atadas las condiciones económicas que regirán su futuro en el béisbol profesional de EEUU.
El Departamento del Tesoro de EEUU prohíbe que peloteros cubanos firmen con un club estadounidense si mantienen residencia en la Isla y/o tienen algún vínculo con el Instituto de Deportes de Cuba (INDER).
La Ley de Ajuste Cubano promulgada por Estados Unidos en 1966 para promover el robo de talentos en todos campos y alimentar la campaña propagandística contra Cuba, establece que todo cubano que llegue a territorio estadounidense, como quiera que lo haga, incluso si es víctima del tráfico de personas, automáticamente obtiene permiso de trabajo y de residencia. Pero esta ley, por sí sola, no basta para el robo de grandes estrellas cubanos del beisbol en los términos requeridos por los grandes contrabandistas.
El mecanismo que aplica para que los grandes negociantes del beisbol se hagan de un cubano estelar para llevarlo a jugar en las Grandes Ligas suele comenzar por un viaje del pelotero hacia otro país, que no sea ni Estados Unidos ni Canadá, porque en estos dos países tendría la obligación de integrarse en el sistema de “draft”, que reduce sus expectativas económicas.

 

Residiendo en Haití, República Dominicana o México, en calidad de “agente libre”, un representante del deportista negocia en su nombre con el cazatalentos o “scout” del equipo interesado. Los grandes medios corporativos complementan este cínico juego publicando noticias de supuestas “fugas” o “huidas” como si la libertad de contratación y movimiento de los jugadores, estuviera limitada por Cuba, y no por EEUU.

 

Las reglas actualmente vigentes en Cuba prevén que, cuando un equipo u organización deportiva beisbolera del extranjero esté interesado en adquirir los servicios de algún pelotero cubano, debe tramitar el acto por intermedio de la Federación Cubana de Béisbol. Así lo han hecho organizaciones de otros países que ya cuentan en sus nóminas con atletas y técnicos cubanos.

 

Pero ninguno de los treinta equipos de las Ligas Mayores de Béisbol de Estados Unidos ha utilizado esa vía y el muy reducido número de peloteros cubanos integrado en sus filas, ha tenido que ponerse en manos del internacionalmente ilícito tráfico de personas con su cohorte de coyotes y mafiosos.
El beisbol cubano, como el deporte cubano en general, basado en la dignidad, la honestidad y la decencia, se halla, sin dudas, en una situación desventajosa frente a la sordidez que caracteriza a las relaciones mercantiles aplicadas al deporte. La Isla ha tratado de sortearlas, no siempre con éxito.
Algunas de las prohibiciones con que Cuba ha tratado de proteger la pureza de su deporte han resultado insostenibles en un mundo globalizado con reglas y procedimientos impuestos por los grandes consorcios capitalistas y la Isla se ha visto obligada a cambiarlas por otras compatibles con las tendencias internacionales cuando ello no viola los principios que caracterizan al sistema político y social que construye el pueblo cubano.
Nada debía impedir que Cuba y Estados Unidos amplíen su colaboración en el terreno del béisbol, un deporte que es favorito de grandes multitudes en ambos pueblos. Y son muchas las cosas que pueden arreglarse sin guerras, drones, ni bombas.

Octubre 11 de 2014.

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